jueves, 9 de diciembre de 2010

Arqueología y clúster turístico

Quizás la función social fundamental que tener la Arqueología, es la construcción discursiva del pasado. Hodder, en este sentido, liga a la Arqueología al quehacer histórico (a diferencia de Binford). Sin desmerecer todo el potencial subversivo y revolucionario que pueda tener esta labor, nos gustaría sin embargo ver el lado más 'blin-blin' del asunto. Pero ¿en que podría influir el pasado, en el turismo? La clave para esto está en la valorización de la localidad, y en el logro de la distinción.

Empecemos clarificando qué es un clúster: Éste es un territorio, en el cual hay una concentración de empresas que prestan bienes y servicios más o menos especializados, lo que producen una concentración de know-how y expertise, que le da a la locación ventajas competitivas. Estas ventajas no son producto de la integración vertical entre los actores, una zona controlada por un gran monopolio no es un clúster, si no que es un emergencia sistémica de los actores territoriales. En el caso del turismo, se da con bastante frecuencia una estructura empresarial de PYMES, las cuales ganan ventaja competitiva en las sinergias que se producen entre ellas: alguien escogerá cierta locación, en la medida en la que pueda encontrar bueno hospedamiento, buenos lugares para comer, actividades atractivas, etc. El atractivo de cierta locación, y por lo tanto la valorización de la misma, dependerá entonces de estás complementariedades que se dan entre actores, y en las inversiones que se hacen dentro del mismo clúster para mantener sus ventajas comparativas.

Ahora, si bien la definición formal de clúster da importancia, quizás excesiva, a la valorización que pueda lograr el know-how (el trabajo cualificado), la verdad es que esta es secundaria en el turismo. El territorio se hace atractivo para la inversión turística en la medida en la que se haga ‘único’, esto es, pueda ser fuente de rentas monopólicas. Para este fin, la arqueología puede ser una fuente invaluable de distinción y valorización territorial.

La reconstrucción del pasado que hacen los arqueólogos puede ayudar al imaginario y mística del lugar. Un lugar con el que se asocia una historia, culturas o civilizaciones antiguas, cobra de por sí un gran atractivo. Es, por ejemplo, la única razón por la que la Isla de Pascua tiene potencial turístico. La reconstrucción que hagan los arqueólogos se convertirá luego en el insumo para toda clase de actividades económicas dentro del clúster: Dará la pauta de qué es lo que dirán los guías turísticos, dará nuevo y profundo significados a lo que, para el ojo inexperto, son sólo garabatos en una piedra, inspirará los suvenires que hagan los artesanos locales, etc. Por lo tanto, un territorio con una historia rica es, literalmente, una mina de oro que necesita ser excavada.

Y la cosa no va sólo en una dirección, ni es que el sucio dinero viva parasitario del sublime néctar que emane la ciencia. Un clúster turístico puede poner a disposición una gran cantidad de capital y recursos para la investigación en arqueología. Al valorizar la producción arqueológica la locación, podemos entender este gasto como inversión, y no mero gasto. Si bien es un asunto que revuelve el estómago a muchos (la arqueología al servicio de la reproducción del sistema capitalista), ya se han visto casos de estas alianzas capital-ciencia, con impresionantes resultados. Es el caso de la ciencia médica y los clústers farmacéuticos, la biología y los clústers biotecnológicos, etc. Muchas ciencias celosas ven en esto actos una prostitución de lo más deleznable (En la mayoría de los casos, injurias de disciplinas despechadas, desfinanciadas por el capital). Pero la verdad es que las sinergias clúster/arqueología permiten poner recursos a la disposición de la investigación, a la vez de poner a la investigación del desarrollo del territorio. Permite la generación de una especialización en la investigación arqueológica que beneficia enormemente las potencialidades de desarrollo disciplinario, a la vez de ponerla a un uso social, útil para los habitantes del territorio. Un bello ejemplo de feedback positivo. Y esto no debería ofender ninguna sensibilidad izquierdista, que ve en esto nada más que servilismo al capital. Estos clústers son los que más espacio dan a la pequeña y mediana empresa, y son una posibilidad real de aportar al desarrollo humano del territorio, y no tan sólo a unos pocos. No existe tal cosa como un 'enclave' turístico, ni debería equipararse sus efectos destructivos con los de los monopolios exportadores. Negarse a estos benéficos usos que puedan darse a la producción arqueológica, es pura crítica diletante.

Pero ¿se agota en lo meramente económico el clúster turístico? La verdad es que puede sí hacerlo, y es un riesgo que corre todo clúster turístico. El desarrollo arqueológico puede producir conocimiento que valorice las actividades de las empresas, las que a la vez impulse la arqueología, pero al hacer esto destruir todo contenido identitario real del territorio. Puede disneylandizar la localidad. ¿Qué diferencia una producción auténtica de identidad de una farsificación inauténtica? Quizás nada sea más difícil que determinar la autenticidad de determinada identidad. En el caso del territorio, sin embargo, si el desarrollo identitario se transforma exclusivamente en un activo del capital, cómo un mero trademark o branding, y no repercute en los actores del territorio, diremos que es una construcción identitaria muerta, estéril, mercachifle. Y esto, a la vez, quitar competitividad al clúster, y desacralizar este activo inmaterial que es el interés histórico que reviste la locación. Un clúster dinámico, entonces, integra a sus actores, hace arqueología que produce un patrimonio que es valioso para sus propios habitantes. Este elemento identitario, en tanto auténtico, es también clave para el ‘empoderamiento’ de los actores territoriales. Por lo tanto, la arqueología también puede ayudar a los habitantes a ser agentes activos en la creación de su propio territorio, recatando su memoria local, a la vez de hacerlos visibles en su diferencia en un mundo que pareciera tender vertiginosamente a la homogeneidad. Es la razón por la cual, por ejemplo, la Isla de Pascua puede ser un actor a nivel internacional, la imagen de la cultura Rapa-Nui pone a la isla automáticamente en escena. Por este motivo, la arqueología puede ser una fuerza positiva tanto en el desarrollo económico como social.

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